Taxonomías (I)
¡Qué tiempos son estos, en los cuales es casi un crimen hablar sobre cosas inocentes pues implica callar tantos horrores!
Ese, que cruza tranquilamente la calle,
¿no puede ser hallado jamás por los amigos que precisan su ayuda?
Bertold Brecht
¿Por qué unos individuos luchan (a sabiendas de la, más que probable, futilidad del empeño) contra un orden social injusto y perverso mientras que otros se adaptan, lo legitiman o transitan las múltiples vías del escapismo? ¿Qué tipo de condiciones psicosociales han de darse para que alguien afronte los riesgos del activismo y la rebeldía en detrimento de su bienestar material, ignorando aquel mantra pequeñoburgués, epítome del cinismo moral: “disfruta de la vida: no te metas en problemas”? ¿Es necesario, para romper la baraja de la algodonosa cotidianeidad, sufrir agudas privaciones o debería bastar simplemente con la certeza de la iniquidad del reino del capital? ¿Por qué resulta incluso extemporáneo atreverse a afirmar que aquellos que tienen el coraje de enfrentarse a un entorno despiadado en lugar de aprovecharse de sus migajas son “mejores” que los que asisten (en el mejor de los casos) pasivamente al festín? ¿Debería ser un baldón para los que “comprenden” la realidad recluirse en su refinada privacidad, su relativismo prêt-à-porter y sus inocuas buenas causas mientras la falta de comprensión exoneraría a los repartidores de Domino’sPizza, que “ni sienten ni padecen” entre vídeojuegos, litronas y telebasuras varias?