Contra el culto al trabajo (III)
Una crítica de la izquierda tradicional y de los movimientos sociales
Trabajos de mierda: la creciente absurdidad del trabajo en la sociedad actual
«Hay algo profundamente equivocado en aquello en lo que nos hemos convertido: somos una civilización basada en el trabajo, pero ni siquiera en el «trabajo productivo», sino en el trabajo como un fin en sí mismo»
David Graeber
La cita anterior, extraída del libro del antropólogo anarquista David Graeber, gráficamente titulado “Trabajos de mierda”, resume de manera certera uno de los rasgos aparentemente más absurdos de nuestra peculiar organización social: ¿cómo es posible que tras el descomunal desarrollo científico y tecnológico -siempre orientados, evidentemente, al servicio de la acumulación de capital y de la alienación y el control sociales- posibilitado por la industria y la ciencia modernas no haya habido una reducción drástica del tiempo dedicado a la actividad laboral, al prosaico esfuerzo de ganarse la vida? Tal eventualidad de llegar a convertirnos en «la sociedad del ocio y la abundancia», pronosticada sin ir más lejos por el para muchos mayor economista del siglo XX, John Maynard Keynes, no se ha verificado en absoluto. Según las estadísticas más recientes, y a pesar de los problemas crónicos de desempleo, subempleo y precariedad que aquejan a enormes contingentes de la fuerza de trabajo global, el numero de personas trabajando y la cantidad de horas trabajadas no han dejado de crecer en el mundo y la jornada laboral, a pesar del continuo aunque irregular crecimiento de la productividad, apenas ha disminuido ligeramente -y únicamente en las potencias capitalistas- desde los años 70.
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-Alfredo, qué te llevó a escribir este libro que, desde la lectura, me parece que es una reflexión crítica sobre la posición del ecologismo y de su peso a lo largo de la historia en el que comparto al 100% lo que nos explicas en las primeras páginas que es la hora del planeta, ahora o nunca, solo cabe el saber cuándo acabará lo que tenga que acabar y a ver si puede ser de la mejor manera posible para todos los habitantes—humanos o no—del planeta porque lo que está claro es que a la naturaleza le costará, más o menos, pero ella se reinventa regenerándose poco a poco, pero a su ritmo.