Categoría: artículos
La vivienda como lugar de combate (II)
Lucha de clases en la ciudad neoliberal
“Un día caminé con uno de esos hombres de clase media por Manchester. Le hablé sobre la deplorable e insalubre situación de las barriadas; llamé su atención sobre las espantosas condiciones de esa parte de la ciudad en la que vivían los obreros industriales. Le declaré que jamás había visto una ciudad tan mal construida en toda mi vida. Él me escuchó pacientemente y en la esquina en la que nos separamos me dijo: “Y no obstante, aquí hay muchas oportunidades para hacer negocio. Muy buenos días, señor”
Friedrich Engels, “La condición de la clase obrera en Inglaterra”
“¡Lucha de clases, lucha de clases, que muera la escoria yuppie! ¿De quién es este puto parque? ¿De los yuppies y los ricachones inmobiliarios? ¡No! ¡Este es nuestro puto parque!”.
Sigue leyendoLa vivienda como lugar de combate (I)
En memoria de José Ángel Gallegos Gómez, incansable luchador contra la violencia inmobiliaria, entregado en cuerpo y alma a la defensa de los pisoteados derechos de sus víctimas y fustigador implacable del sometimiento de los poderes «soberanos» a los dictados de la mafia financiero-inmobiliaria.
In memoriam et ad honorem
“El mercado inmobiliario de ninguna manera es un mecanismo infalible, o siquiera inteligente, que conduzca bajo la dirección de alguna mano invisible a ciudades perfectas y equilibradas. Más bien, es un lugar de combate en el que se enfrentan sujetos de muy distinta naturaleza y en el que se impone el más fuerte. El resultado se aleja por tanto de esa Arcadia ideal y se aproxima más al terrenal -por no decir infernal- campo de batalla que constituyen las ciudades capitalistas”
Samuel Jaramillo
Historias de horror
«Una metonimia del mundo moderno». De esta guisa caracteriza el geógrafo y urbanista Brett Christophers la turbulenta historia de la urbanización Summer House. Se trata de un complejo de apartamentos de alquiler «bastante anodino» de la isla de Alameda, ubicada en la paradisíaca bahía de San Francisco, cuyas vicisitudes recientes Christophers califica como una historia “de pesadilla”.
Sigue leyendoContra el culto al trabajo (y V)
Una crítica de la izquierda tradicional y de los movimientos sociales
Trascender las lindes del enclave
«La capacidad de vivir afuera tendría la virtud, por un lado, de dificultar la reproducción de las relaciones sociales dominantes fomentando la sociabilidad y frenando el individualismo; por el otro, el proporcionar una buena logística a la defensa del territorio. Sin embargo, para trascender las lindes del enclave, o sea, para generalizarse, haría falta pasar a la ofensiva, invadir a gran escala el espacio dominado por el capital. Sería necesaria una verdadera revolución»
Miguel Amorós
«En los presidi, en lo que llamamos las Nuevas Repúblicas y aquí en el ZAD creamos lazos afectivos y prácticas cotidianas que son de hecho una alternativa a las relaciones capitalistas de poder y beneficio. Es un proceso muy largo que pasa por momentos de ruptura»
Las palabras previas corresponden a Luca Abbà, activista del movimiento No TAV, que desde hace tres décadas desarrolla una lucha encarnizada contra la construcción de un mastodóntico túnel de ¡57 kilómetros! que perforaría el corazón de los Alpes entre el valle italiano de Susa y el francés de Maurienne. Se trata de una infraestructura clave para completar el despliegue de la línea de alta velocidad Turín-Lyon, un megaproyecto de altísimo impacto ambiental patrocinado en comandita por los estados francés e italiano con la participación entusiasta -siguiendo al dedillo el modus operandi habitual en estos casos- de grandes empresas constructoras de ambos países. Otro ejemplo más de las innumerables agresiones contra el entorno natural y las comunidades locales perpetradas a lo largo y ancho del sufrido planeta, en aras de la sacrosanta creación de riqueza, por la apisonadora del afán de lucro que impele la carrera hacia el abismo de la organización social capitalista. Sin embargo, los planificadores de la destrucción del territorio en el altar de la entelequia del «desarrollismo» depredador del capital no contaron con la eclosión de un fuerte movimiento de resistencia popular dispuesto a plantear la batalla en toda la línea contra los bulldozers y las tuneladoras.
Sigue leyendoContra el culto al trabajo (IV)
Una crítica de la izquierda tradicional y de los movimientos sociales
«La Revolución no se define, pues, tan solo en el plano económico, político o ideológico sino, más concretamente, por el fin de lo cotidiano (…) Recusa lo cotidiano y lo reorganiza para disolverlo y transformarlo. Pone fin a su prestigio, a su racionalidad irrisoria, a la oposición de lo cotidiano y de la Fiesta (del trabajo y del ocio) como fundamento de la sociedad»
Henry Lefebvre
La revolución de la vida cotidiana
«Los ‘Levantamientos de la Tierra’ no son una excepción francesa. En los últimos años se han desarrollado luchas radicales en todas partes contra la destrucción ecológica capitalista. Con raras excepciones, los trabajadores, las trabajadoras y sus organizaciones sindicales están ausentes de ellas. Estas luchas son llevadas a cabo por la juventud, por los pueblos indígenas y por las y los pequeños campesinos, y especialmente por las mujeres, que están en primera línea en estos tres grupos sociales»
Sigue leyendoContra el culto al trabajo (III)
Una crítica de la izquierda tradicional y de los movimientos sociales
Trabajos de mierda: la creciente absurdidad del trabajo en la sociedad actual
«Hay algo profundamente equivocado en aquello en lo que nos hemos convertido: somos una civilización basada en el trabajo, pero ni siquiera en el «trabajo productivo», sino en el trabajo como un fin en sí mismo»
David Graeber
La cita anterior, extraída del libro del antropólogo anarquista David Graeber, gráficamente titulado “Trabajos de mierda”, resume de manera certera uno de los rasgos aparentemente más absurdos de nuestra peculiar organización social: ¿cómo es posible que tras el descomunal desarrollo científico y tecnológico -siempre orientados, evidentemente, al servicio de la acumulación de capital y de la alienación y el control sociales- posibilitado por la industria y la ciencia modernas no haya habido una reducción drástica del tiempo dedicado a la actividad laboral, al prosaico esfuerzo de ganarse la vida? Tal eventualidad de llegar a convertirnos en «la sociedad del ocio y la abundancia», pronosticada sin ir más lejos por el para muchos mayor economista del siglo XX, John Maynard Keynes, no se ha verificado en absoluto. Según las estadísticas más recientes, y a pesar de los problemas crónicos de desempleo, subempleo y precariedad que aquejan a enormes contingentes de la fuerza de trabajo global, el numero de personas trabajando y la cantidad de horas trabajadas no han dejado de crecer en el mundo y la jornada laboral, a pesar del continuo aunque irregular crecimiento de la productividad, apenas ha disminuido ligeramente -y únicamente en las potencias capitalistas- desde los años 70.
Sigue leyendoContra el culto al trabajo (II)
Una crítica de la izquierda tradicional y de los movimientos sociales
El fetiche de la ética del trabajo
«Mientras haya gente, se construirán casas, se producirán alimentos, vestidos y otras muchas cosas, se criará a los niños, se escribirán libros, se discutirá, se cultivarán huertos, se compondrá música y muchas más cosas por el estilo. Esto es algo banal y obvio. Lo que no es obvio es que la actividad humana por excelencia, el puro «empleo de fuerza de trabajo», sin importar su contenido, de forma totalmente independiente de las necesidades y de la voluntad de los implicados, sea elevado a un principio abstracto que domina las relaciones sociales»
«Manifiesto contra el trabajo», Grupo Krisis
«Analizar la situación de explotación laboral y de abuso sexual de las recolectoras de fresas de Huelva requiere tener en cuenta tanto la explotación de clase como el patriarcado, el colonialismo, el racismo o cuestiones culturales vinculadas con la religión y la lengua»
La profesora y activista feminista María Rodó-Zárate ejemplifica con la descripción anterior la compleja y estrecha interacción entre las distintas opresiones tradicionalmente caracterizadas -por contraposición a la relación capital/trabajo, considerada mecánicamente como la base de la estructura social- de forma reduccionista como superestructurales.
Sigue leyendoContra el culto al trabajo (I)
Una crítica de la izquierda tradicional y de los movimientos sociales
Sexo, raza y clase: un diálogo de sordos
“Trabajad, trabajad, proletarios, para aumentar la fortuna social y vuestras miserias individuales; trabajad, trabajad para que, haciéndoos cada vez más pobres, tengáis más razón de trabajar y de ser miserables. Tal es la ley inexorable de la producción capitalista”
Paul Lafargue
“Sexo, raza y clase” es el título de un famoso artículo de la escritora y activista feminista Selma James, una de las promotoras, junto a Mariarosa Dalla Costa y Silvia Federici, de la campaña por un salario para el trabajo doméstico, la reivindicación más simbólica y provocadora de la denominada Segunda Ola del movimiento feminista de los años 70. La tesis principal del texto es la defensa, con tanta vehemencia como eficacia, del carácter genuinamente revolucionario de las distintas luchas autónomas emprendidas por las mujeres y por los afroamericanos estadounidenses como parte integrante de pleno derecho de las “luchas de clases” contra el dominio del capital. Su crítica se dirige principalmente contra el reduccionismo economicista de las organizaciones herederas del movimiento obrero tradicional, en su mayor parte blanco y europeo, y la condescendencia, cuando no hostilidad manifiesta, que los izquierdistas ortodoxos han mostrado históricamente hacia las causas “particularistas” que no tengan su centro en la defensa de la clase obrera y como horizonte, más o menos utópico, la lucha “a muerte” entre explotadores y explotados por el control de los medios de producción y la abolición de la propiedad privada.
Sigue leyendo
El «vicio» colapsista: agonía versus praxis. Respuesta a «Aurora Despierta»
“No nos interesa una ecología pendiente de un futuro que va a estallar, una ecología que profetiza el fin de todo y que finalmente no reconoce que esta sociedad necesita ser cuestionada incluso si la amenaza de un ‘colapso’ se desvaneciera en el horizonte”
José Ardillo
De soluciones y tratamientos paliativos
«Marx no predijo el cambio climático, pero sabía que el capitalismo contenía la contradicción ecológica que terminaría generándolo. De aquel momento a hoy cambiaron muchas cosas, salvo una: para proteger la vida es necesario acabar con el sistema»
Kohei Saito
El presente texto es una respuesta a la monumental reseña de mi libro “Los ‘vicios’ del ecologismo. El abismo entre el diagnóstico y las soluciones”, publicada con el seudónimo de Aurora Despierta el pasado 14 de junio bajo la rúbrica de “Impulso al debate urgente”.
Sigue leyendoFinanzas “verdes”: el negocio de la destrucción
“La civilización es sólo una coartada endeble para una destrucción brutal. El veneno sigue brotando y el sistema entero parece dispuesto a intoxicar hasta el último rincón del planeta, porque son más rentables la destrucción y la muerte que detener la máquina”.
Subcomandante Insurgente Galeano
La zorra en el gallinero
“Cuando se trata de salvar el planeta, una ballena equivale a mil árboles”.
La extravagante afirmación proviene de un estudio publicado por el FMI en el que se propone, en tono triunfalista, el desarrollo de canales “innovadores” para la protección de los grandes cetáceos -por ejemplo, mediante la financiación a los gobiernos para la creación de reservas marinas o áreas protegidas-, como vía de mitigación del cambio climático:
“El Fondo Monetario Internacional (FMI) estudió recientemente el trabajo que hacen las ballenas acumulando a lo largo de su vida toneladas de carbono en sus cuerpos (hasta el equivalente a mil árboles), que eliminan cuando mueren en el fondo de los mares y secuestran para siempre de la atmósfera. Los economistas del FMI estimaron el servicio natural de las ballenas –tomando el precio de mercado del CO2 más su aporte al turismo y a la pesca– en dos millones de dólares por ejemplar. Si se toma la población total de ballenas del mundo, la cuenta da aproximadamente un billón de dólares”.
El ejemplo anterior, por grotesco que pueda parecer, representa sólo un botón de muestra del desarrollo reciente de una ofensiva redoblada del capital financiero, bajo el auspicio de los poderes público-privados al servicio de las grandes corporaciones globales, en pos de aplicar la estrecha métrica mercantil a las funciones esenciales que sostienen el metabolismo de los ecosistemas y la biodiversidad del planeta. Todo ello, ni que decir tiene, con la omnipresente coartada de velar por su preservación, bajo uno de los mantras rituales de los apologistas de las «soluciones de mercado» y de las “finanzas verdes”: la naturaleza se destruye porque no se la valora.
Sigue leyendoInflación: la coartada perfecta
“Los datos son negocios. Los datos son políticos. Y eso es particularmente pertinente en el caso de la inflación, porque las inflaciones son polémicas. Generan ganadores y perdedores. Por eso nos preocupamos por la inflación. Las cifras de inflación no son meramente descriptivas. Forman parte de la economía política del proceso que describen”
Adam Tooze
“Voy detrás de los niños todo el día apagando la luz y después de los dos facturones que llegaron en invierno, en marzo dije que no podíamos poner la calefacción. Hubo días de mucho frío, pero no la encendimos y le ponía al pequeño el pijama, el ‘body’ y el polar en casa porque es que si no, no llegábamos a la primavera. Nos ha roto el invierno”. La angustiosa declaración corresponde a Estefanía, una joven trabajadora con dos hijos cuya pareja está en paro.
Por primera vez en cuatro décadas, la inflación desbocada se ha convertido en los últimos meses en una de las preocupaciones dominantes en todos los ámbitos de la sociedad, afectando duramente a las capas más empobrecidas. La angustia de Estefanía no es ni mucho menos un hecho puntual. Según el propio BCE, el presunto guardián de la estabilidad de precios, la situación es grave, especialmente para las clases populares: “La alta inflación actual perjudica especialmente a los hogares con rentas más bajas porque los artículos con tasas de inflación muy altas, como la energía y los alimentos, constituyen una parte comparativamente grande de la cesta de consumo”.
Sigue leyendo